27 oct 2010

Magnificente

21 oct 2010

(no tengo tiempo para cambiar mis ideas de lugar)

10 oct 2010

2 oct 2010

Es la sensación de pisar pasto fresco con los pies descalzos, sentir su textura y su pureza, y aunque uno tal vez no lo pueda ver, sabe con certeza, que es de un verde fuerte, natural.
Es la sensación de sentir el viento golpear contra tu cara, oler el aroma de las flores en plena primavera, el sol radiante que ilumina tu cara y te hace ver de otro modo las cosas…
La misma sensación al escuchar en la radio esa canción que tanto amaste en el pasado, y que hoy en día te sigue gustando, haciéndote recordar que no todo está perdido. Somos nuestro pasado.
O ver la lluvia caer desde tu ventana, sentado, fumando un pucho y admirando las ramas de los árboles peleando en ese torbellino de agua, viento y furia. Las hojas verdes y mojadas se elevan del suelo para buscar su compañera, y esa bendita sensación de que hasta la tormenta más atroz, pasa. Siempre sale el sol.
Reír con tus amigos y… nada más.
Entablar la más interesante charla con un individuo, que aunque no hace décadas que hablan, esa conversación fue el detonante máximo de la gran amistad por venir. Uno nunca está solo en este mar de rarezas y excentricidades.
Cruzarte por la calle a esa persona que hace años no ves, y por más tiempo que haya pasado o caminos distintos hayan tomado, siguen teniendo esa inexplicable conexión que los hace estallar en risas y, después de despedirse, irse caminando por la vida con una sonrisa imborrable en la cara.
Tomarte un momento del día para, simplemente, bailar. Agitando tus brazos y cantando fuerte. Sin inhibiciones, sin vergüenzas, sólo tu cuerpo, la música y vos.
Caminar y caminar y caminar. Sin rumbo, ni destino. Sólo por el simple hecho de caminar y dejar atrás todo eso que ya no está.

Esa es la sensación.