27 oct 2011

Porque te escondiste, sin que nadie te persiga. Y te encerraste por miedo, porque prometiste ser audaz, y no dejar que nadie te lastime nunca más, pero te olvidaste que las heridas son parte del juego, que sangrar es estar vivo, que hasta el dolor te hace sentir. Y vos ya no sentías ni dolor, ni amor, ni nada. Te construiste esa especie de burbuja metálica a tu alrededor para protegerte, pero sólo lo empeoró más, porque ahora acabaste lastimándote vos solo. Y úna vez más confundiste cura y enfermedad. Y ya estabas aislado, y ahora costaba abrir la puerta.
Pensaste, ingenuamente, que este examen lo pasarías repasando ejercicios ya hechos, que ya los sabías de memoria, pues ya estaban resueltos. Pero una vez más te confundiste, porque olvidaste practicar, olvidaste salir de tu zona de confort, olvidaste intentar, progresar.
Y cuando tomaste dimensión de que las cosas no estaban saliendo como en realidad querías, te desmoronaste, y estabas a la deriva, y ahora tuviste la idea de encerrarte en ese encierro total, porque prácticamente era lo más fácil. Ya habías olvidado como hablar, la forma de mirar, y te obligaste a creer en esa idea.

Pero el escondite se fue haciendo demasiado obvio con el tiempo, y luego empezó a descascararse, y se filtraban rayos de sol, de vida. Y comprendiste que debías salir del sucucho. Pero hoy en día ya no sabes como salir, y no estoy hablando precisamente del escondite. Pues romperlo fue muy fácil, pero ahora el problema era que te encontrabas encerrado en el mundo. Y ya no sabes que hacer para salir de vos mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario