"¿Novia?" pensé. Ni siquiera a ella imaginaría como tal, era extraño, la quería con todas mis ganas pero no sabía cómo imaginarmela conmigo. Nunca tuve la palabra "novia" ni ninguna por el estilo en mis pensamientos con ella. Más que una palabra, Rosario era una idea que hice mía, sin títulos ni derechos de propiedad, algo tan sencillo pero a la vez tan complejo como decir "Rosario y yo".
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