7 sept 2010

Te eché la culpa por mis lágrimas en el piso. Te denuncié por mis nervios, mis ataques, y mis paranoias. Repetí más de mil veces a mi terapeuta que gracias a vos perdí mi centro, mis alegrías y mis penas. Salí a pasear y le conté a los policías de vos, que eras un ladrón de caricias besos y abrazos, que eras un abusivo de la confianza, un prófugo del compromiso. Te ataqué una y otra vez pero no tuve éxito ni en una ni en otra.
Amor, no servís ni como excusa

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