Dejame decirte que tu amor yo lo preví. Ya lo traía dentro de mí desde siempre.
..pensando ella que no hay nada más meláncólico que la pasión juvenil desengañada, pensando él que cuando sacrificamos la emoción inmediata ganamos la serenidad de ser remotos, preguntándose ambos, sin atreverse a decirlo, si sólo vivieron una fantasía adolescente o un acto indispensable para crecer.
Nos volvimos parásitos de nosotros mismos.
Nos volvimos parásitos de nosotros mismos.
Un vasto palacio convertido en ciudad. Aquí habitó el emperador Diocleciano en patios que hoy son plazas, muros que hoy son restoranes, aposentos que hoy son apartamentos, galerías que hoy son calles, baños que hoy son atarjeas.
Vio el espejismo de la vieja ciudad imperial, la ficción de su grandeza perdida y restaurada sólo por la imaginación, por el hambre de conocer mejor lo que fue que lo que es y lo que pudo ser más que cualquier otra cosa.
Vio el espejismo de la vieja ciudad imperial, la ficción de su grandeza perdida y restaurada sólo por la imaginación, por el hambre de conocer mejor lo que fue que lo que es y lo que pudo ser más que cualquier otra cosa.
El mundo de los recuerdos se convertía en el mundo de los deseos y, entre ambos, latía un corazón compartido por el amor puesto a prueba entre pasado y presente.
(Los novios, Todas las familias felices)
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