7 sept 2010

Mi amor, hoy te vi mirando al sol fijamente. Tus ojos se volvieron miel y tu piel parecía más suave que nunca. Tu cigarrillo se consumió por la brisa que hacía volar tu cabello.
De algún modo sentiste mi presencia en el lugar, te diste vuelta y divisaste mi cuerpo parado en medio de la multitud. Yo estaba ahí, petrificado al ser cómplice de tan sutil belleza, y orgulloso, sabiendo que vos me pertenecías. Estaba bajo un hechizo profundo, adormecido apoyado sobre una esquina, mirándote a vos y a tus ojos inocentes, indefensos. Miraba la gente pasar y era imposible detectar rostro comparado al tuyo. Miraba también al Sol, brillando sólo para vos, iluminándote, como si estuviese diciendo “te merecés esto y mucho más"

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