No quiero competir con fantasmas del pasado
por tu sonrisa incandescente
que ilumina hasta mi rincón más oscuro.
No pienses como todo los demás
que sólo emigro por tu irresistible atracción,
ya no espero nada de vos.
Estoy acostumbrado a tu tendencia de abandono
y a tus locuras mensuales que tanto me condenan
Ya no pido por tu abrazo bajo el sol
ni rezo por tu cuerpo rozando el mío.
Ya superé el frío por las noches
y mis ataques de desesperación por no tenerte en mis días.
Pero, mi amor, todavía tengo un beso guardado para vos,
abrazos que envuelvan todo tu ser
y mil palabras para recitarte al oído.
Me senté en el tercer asiento de una única fila y pensé. Miraba los carteles distraídamente, como si me importase. Tenía mi mp3 puesto y trataba de encerrarme en las estrofas de mis canciones. Mordía mis labios y rechinaba mis dientes. 15 minutos bastaron. Había algo en mi mundo cotidiano que no me estaba dejando pensar con claridad, pero en definitiva, ¿qué era? No lo sé.
¿Qué es lo que falta en mis días y mis noches? Las tardes no saben igual y mi mirada ya no es la misma. Solía identificarme por mi sonrisa contagiosa y mis ojos rasgados, brillosos, llenos de vida. Me miro cara a cara y no los reconozco más. ¿Cuándo fue que se volvieron tan opacos y caídos? Hasta cada una de mis pestañas están tristes, húmedas y llenas de polvo.
Ya nadie viene a cuidarme de día ni a abrazarme de noche. Uno por uno, los fui cansando y desaparecieron. Así es como se esfumaron el Sol, la Luna y mi amor. Pero hoy no quiero hablar de eso. No hoy.
Hoy te hablo de mí. De mi vida conmigo mismo. Hace mucho tiempo que no sentía miedo y últimamente está volviendo a sus raíces. Evidentemente, no estaba para nada superado. Me adapté a varias posturas, traté de maravillarme por las cosas más ordinarias que el mundo me pueda presentar, me creé una realidad paralela en mi mente día tras día, eliminé, saqué, agregué, cambié, roté, volví, me fui, me conformé, me estabilicé y volvimos al punto de partida. Hoy nada pareció funcionar. Todas mis técnicas fallaron una vez más para recordarme a mi mismo que yo no le puedo ganar a la racha. Ni hoy ni mañana ni nunca.
Hoy. Hoy. Hoy. No es un día, es sólo un momento. De todos modos, que invento más estúpido es el día. Hace demasiado que ya renuncié a creer en las medidas del tiempo y estoy aprendiendo a hacer un pacto con mi vida: yo me convenzo a mi mismo con mil frases clichés que se me vienen a la cabeza pero vos sólo prometé que este momento va a pasar.
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