7 sept 2010

Salí de casa en busca de algo de paz. Cuando dejé la primera cuadra atrás sentí el viento pegar en mi cara, miré hacia arriba y vi el cielo rosado, como pintado con témpera de colores. Supuse que iba a llover porque había cierta estática en las calles y las hojas danzaban al compás del viento. Se escuchaba su silbido y el crujir de las hojas, chocándose unas con otras. Estaba completamente solo. A lo lejos divisé una plaza y me dispuse a caminar para sentarme y fumarme un pucho. Me encanta esa sensación que hay en el ambiente minutos antes de una tormenta. Se puede disfrutar tranquilo, sin distracciones. La ciudad está vacía y las luces se ven esfumadas por el efecto de la neblina. Estuve no más de 5 minutos fumando y escuchando cada uno de los sonidos a causa del viento. Es increíble como cierta gente busca cosas extraordinarias para sentir calma y placer, y no se dan cuenta que el verdadero confort está tan a nuestro alcance…

Ahí es cuando comprendí que nada es tan malo como parece.

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