Esos días fueron raros. Había una tremenda estabilidad en el ambiente y eso lo hacía dudar. Nunca estaba todo tan normal, tan equilibrado. Nunca supo si eso fue una buena o una mala señal. Había algo en el aire de la ciudad que inspiraba calma. Pero no la calma que te tranquiliza y te deja feliz porque sentís que nada puede molestar, sino el tipo de calma que hace parecer que nada sucede. Que nada va a pasar. Que todo es una línea recta y ya se está covirtiendo en aburrimiento. Caminó por calles céntricas de la capital, donde las personas tiene un destino, un lugar al cuál ir y alguien a quién ver.
Él no tenía destino. No sabía donde ir, simplemente salió a pasear para poder pensar, para tal vez poder encontrar eso que lo llene y lo saque de su aburrimiento. Nunca lo confesó pero amaba deambular solo por calles super transitadas, ni siquiera él sabía porqué. Miraba para todos lados, había de todo por donde mirara, cosas agradables a la vista, paisajes, edificios, luces, lugares que lo atraían para que entrase. Intercambió miradas con varias personas, pero sólo eso y nada más.
Empezó a tratar de decifrar que había en esos ojos que lo miraban por sólo segundos. Tenía una capacidad para analizar a la gente por gestos, miradas o simples actitudes que denotaban su situación. En esos ojos encontró de todo. Vio angustia. Vio poesía. Vio arte. Vio resentimiento. Vio alegría. Vio muchas cosas, tantas que le resultaba difícil recordarlas.
Por un momento quedó perplejo. Lo invadió un bajón lleno de angustia y de desesperanza. Tenía miedo. Esas personas que le pasaban por delante de su cara. Esas personas que iban apuradas con ropas llamativas. Personas que intentaban dejar en claro lo felices que eran. Intentaban muchas cosas. En sus miradas habitaba de todo, menos corazón. Aunque se haya ahogado de angustia, en lo profundo de sí mismo, todavía quedaba una gota de esperanza, una pizca. Sabía que había un corazón para él. Había algo en sí mismo que quería seguir mirando, para encontrar, quién sabe qué.
Él no tenía destino. No sabía donde ir, simplemente salió a pasear para poder pensar, para tal vez poder encontrar eso que lo llene y lo saque de su aburrimiento. Nunca lo confesó pero amaba deambular solo por calles super transitadas, ni siquiera él sabía porqué. Miraba para todos lados, había de todo por donde mirara, cosas agradables a la vista, paisajes, edificios, luces, lugares que lo atraían para que entrase. Intercambió miradas con varias personas, pero sólo eso y nada más.
Empezó a tratar de decifrar que había en esos ojos que lo miraban por sólo segundos. Tenía una capacidad para analizar a la gente por gestos, miradas o simples actitudes que denotaban su situación. En esos ojos encontró de todo. Vio angustia. Vio poesía. Vio arte. Vio resentimiento. Vio alegría. Vio muchas cosas, tantas que le resultaba difícil recordarlas.
Por un momento quedó perplejo. Lo invadió un bajón lleno de angustia y de desesperanza. Tenía miedo. Esas personas que le pasaban por delante de su cara. Esas personas que iban apuradas con ropas llamativas. Personas que intentaban dejar en claro lo felices que eran. Intentaban muchas cosas. En sus miradas habitaba de todo, menos corazón. Aunque se haya ahogado de angustia, en lo profundo de sí mismo, todavía quedaba una gota de esperanza, una pizca. Sabía que había un corazón para él. Había algo en sí mismo que quería seguir mirando, para encontrar, quién sabe qué.

Gracias. Que lindo que es leer a otros, la imaginacion para poder poner una sola oracion en un texto entero. Si alguna vez tenes un desafio, no dudes que te voy a seguir.
ResponderEliminarUn beso Fercho!
Almi